ANGOLA. Julio 2011

Sigue adelante uno de los proyectos de ICLI que tenemos en Angola: el Centro para el empoderamiento y la promoción integral de la mujer, en Mulenvos, cerca de Luanda. El año pasado visité las obras y este año repito el viaje porque ya está programada su inauguración.

Además de visitar el proyecto y participar en la inauguración del Centro, el viaje tenía también como objetivo recabar información y trabajar la posible formulación de algún otro proyecto para próximas convocatorias.

Por una de esas coincidencias que a veces se dan, resulta que al día siguiente de mi llegada iba a tener lugar un acto en Malanje de creación del arzobispado de esa diócesis y el nombramiento de Luis María Pérez de Onraita como arzobispo. D. Luis María es un sacerdote alavés que lleva más de 50 años en Angola –todos los años de la guerra- y con el que hemos llevado a cabo un par de proyecto en Malanje y su entorno. Cada vez que viene por Vitoria nos vemos, así es que quise aprovechar mi viaje para estar presente en el acto.

Salí de Bilbao el viernes día 15. Como el viaje era vía Lisboa, a donde llegaba por la mañana, y con una escala de casi 12 horas, aproveché para patearme la capital lusa, que no conocía y que me encantó. Por la noche, embarcamos en el vuelo hacia Luanda.

Como los desplazamientos son complicados en Angola, al poco de llegar a Luanda cogimos un vehículo y nos desplazamos a Malanje, lo cual significa casi un  día de coche. Llegamos al anochecer del sábado y, mientras las hermanas josefinas se alojaban en un convento, yo me instalé en el obispado invitado por D. Luis María. Esa noche era un ir y venir de invitados a la ceremonia.

El domingo 17 temprano nos desplazamos al lugar en el que se iba a celebrar la ceremonia: al no caber en la catedral, el gobernador había cubierto con toldos, para proteger del sol, una gran plaza. La decoración era muy colorida y se preveía un día muy luminoso. Poco a poco fueron llegando grupos de personas de distintas poblaciones, parroquias, etc. hasta llenar la plaza: varios miles de personas nos congregamos allí. Los colores de las vestimentas alegraban más aún el ambiente.

La ceremonia se prolongó unas cuatro horas, llena de bailes, cantos, procesiones, etc. El ofertorio fue especialmente impactante, con procesión interminable de mujeres y hombres llevando sus ofrendas de lo más variopintas, al ritmo de la música. Impresionante también fue la ovación y el estallido de alegría, gritos, etc. que se produjo en el momento en el que el representante del Vaticano dio lectura al acto de creación de la Archidiócesis y del nombramiento del nuevo arzobispo.

Tras la ceremonia, nos desplazamos a un colegio de religiosas de una población cercana a Malanje, donde nos invitaron a almorzar. Y por la tarde fuimos de excursión a las Quedas de de Kalandula, unas espectaculares cataratas que ya había visitado el año pasado. Allí nos encontramos con bastantes invitados de la ceremonia que habían tenido la misma idea.

Esa noche D. Luis María me invitó a cenar en el obispado, y allí estuve, rodeado por una docena de obispos de Angola y el cardenal.

Al día siguiente, lunes 18, muy temprano pues nos esperaban quizás 8 horas de viaje, salimos camino de Huambo. No conocía esa ciudad angoleña, que tanto había sufrido en la guerra. Durante la estancia, visitamos el colegio que tienen allí las hermanas josefinas y pude disfrutar de un estupendo festival que las alumnas y los alumnos habían preparado con ocasión de mi visita: cantos, bailes, representaciones teatrales, coreografías...

La ampliación de este colegio podría ser un futuro proyecto de ICLI. Tanto para mejoras las condiciones del actual alumnado, como para poder ampliarlo y satisfacer la demanda. Visitamos y tomamos datos asimismo de un terreno que tienen las josefinas a las afueras de la ciudad, y donde se podría poner en marcha algún proyecto de carácter agrícola.

Tras otro viaje de unas 8 horas, con almuerzo en un bar a mitad de camino, regresamos a Luanda para la ceremonia de inauguración del Centro de Mulenvos. En el acto participaron las autoridades civiles y eclesiásticas de la zona, así como una nutrida representación de las mujeres del entorno y un buen grupo de hermanas josefinas. Misa, bendición de los locales, descubrimiento de la placa, discursos, regalos... Fue un acto muy bonito, amenizado además por el coro de las mujeres de la Promaica. Al finalizar tuvo lugar un espléndido almuerzo preparado por las hermanas ayudadas por las mujeres de la localidad.

Los días iban pasando, y dentro del plan estaba el ir a Muxima, donde se ubica el santuario de la Virgen más frecuentado de Angola, y que es atendido por las josefinas. Se ubica en un paraje precioso, a orillas del río y junto a una colina coronada por un antiguo fuerte portugués. El año pasado habíamos intentado llegar, pero el barro dejado por las lluvias en las pistas no nos lo habían permitido. Este año sí fue posible, y tuvimos la oportunidad de asistir allí a una misa para los peregrinos, que se contaban por centenares. Visitamos el fuerte portugués y después disfrutamos de otro festival organizado con ocasión de mi visita por las josefinas con los alumnos y alumnas de la escuela que dirigen.

Regresados a Luanda, y como colofón de estos magníficos días, me habían preparado un día de descanso. Con varias josefinas y formadas, así como con el párroco, nos desplazamos en barca a una isla preciosa, en la bahía de Luanda, donde almorzamos, cantamos, reímos...

Y mi segunda estancia en Angola llegó a su fin: regreso vía Lisboa, y vuelta a la normalidad.