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PARIS. Agosto 2011 Imprimir E-Mail

Este mes de agosto lo he pasado en París. Para mi gusto no es fácil encontrar un plan mejor para las vacaciones: París es una maravilla y puedes estar una semana, un mes, un año... y puedes ir una y otra vez, sin cansarte.

El plan, como otros años, era participar en una actividad en la que se compagine formación, cultura, descanso... Así nos reunimos una veintena de personas de la Obra, de edades similares y procedentes de Francia, España, Italia, etc.

Estábamos alojados en el centro de París, y desde mi habitación se veía muy cercana la Torre Eiffel. Se trata de una residencia de universitarios, que en el mes de agosto está libre y por lo tanto es aprovechable con ventajas para todas las partes: la residencia recibe unos ingresos que no le vienen nada mal para su sostenimiento, y los asistentes tenemos la ocasión de estar en el centro de París y poder ir a todos los lugares interesantes a pie o en metro. Eso si... además de las largas caminatas, también hicimos bastante deporte en la residencia: son cinco pisos sin ascensor y con una escalera de madera bastante empinada. Como yo me alojaba en el último piso, subí y bajé muchas escaleras.

El plan era todos los días bastante similar: madrugar un poquito, Misa en la propia residencia, alguna sesión sobre temas doctrinales o de actualidad después de desayunar, y tiempo libre antes del almuerzo para recorrer París: museos, rincones, etc. Otra de las maravillas de Francia es el queso: como es costumbre allí, todos los días tras el almuerzo, una tabla de quesos a la que era difícil resistirse.

Por esas fechas, además el Prelado de la Obra viajó a Costa de Marfil y el Congo, y como son dos países del área francófona, las mejores combinaciones de vuelos son desde París, así es que estuvo unos días en una casa de convivencias –Couvrelles- que está como a un centenar de kilómetros de París. Así, el día 15 –festividad de la Asunción- tuvimos la ocasión de tener un encuentro con él.

La víspera de esa fiesta algunos nos apuntamos a una peregrinación un tanto peculiar y que se lleva a cabo desde hace unos pocos años. Se trata de una peregrinación fluvial por el Sena al atardecer del día 14. Presididos por un barco en el que va una imagen de la Virgen iluminada y el cardenal de París, una decena de barcos repletos de fieles hace un recorrido por el Sena como de una hora, empezado en el crepúsculo y terminando junto a Notre Dame ya anochecido. Durante el recorrido se reza el Rosario, se entonan canciones...

Otro día tuve la ocasión de ir a Versalles, hacía muchos años que había estado y tenía un vago recuerdo. Lo cierto es que es una manifestación más de la “grandeur de la France”. Un atardecer recorriendo el complejo hotelero de Eurodisney... todo muy yanki. Visitas a Quai D’Orsay, con la maravilla de los impresionistas; Montmartre y el Sacré Coeur; la Torre Eiffel; el Arco de Triunfo; Notre Dame; el barrio latino; la Defense, etc., etc.

Uno de los días tuve la ocasión también de encontrarme con una amiga venezolana que hacía muchos años que no veía: Sugey. Conoció en las JMJ de Toronto a un chico francés, Bertrand, profesor de matemáticas de la Alliance Française, con quien se casó. Y tras vivir varios años en Perú, en estas fechas estaban en París, con su hija Mathilde, a la espera de desplazarse a su nuevo destino como profesor: Serbia.

Los días pasaron muy rápido. Pensaba yo que tres semanas darían para mucho, pero me quedé con muchas cosas que ver. Ojalá tenga ocasión de repetir. 

La ida y la vuelta las hice desde Hendaya en TGV. Un viaje muy cómodo y que te deja en el centro de París.

 
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