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ANGOLA. Abril 2010 Imprimir E-Mail
Angola se independizó de Portugal en 1975. Le siguieron 28 años de guerra entre MPLA y Unita, un lucha más de poder y tribal que ideológica. Finalmente, con la muerte del líder de la guerrilla Unita –Savimbi- llegó la paz en 2002. La firma de la paz fue unida a una actitud generosa por parte de los vencedores que, olvidando los años de conflicto, trató de integrar a los vencidos. Todavía no se ha celebrado elecciones y ese es un punto que tarde o temprano podría terminar en conflicto. El Presidente sigue siendo Dos Santos.
 
El país tiene una extensión de 2,5 veces España, con 13 millones de habitantes. El algo curioso y que se repite en muchas de las zonas empobrecidas: que tienen una bajísima densidad de población, como si quisiesen desmentir la ecuación pobreza-superpoblación.
 
Es un país de población muy joven: la edad media es de 18 años y la esperanza de vida apenas alcanza los 38 años. Un 47% son animistas, un 38% católicos y un 15% protestantes.
 
Se trata de un país rico en recursos naturales, con petróleo, diamantes, etc. que está teniendo crecimientos muy elevados desde que se firmó la paz, pero con una muy mala distribución de la riqueza: 70% de la gente vive bajo el umbral de la pobreza.
 
En mi estancia he visto dos angolas: la urbana, en Luanda, un tráfico de locura, polvo, estrés, tensión, montañas de basura, agresividad... y la rural, en la zona de Malange, muchísimo más pacífica, tranquila, agradable. El cualquier país que he visitado he constatado lo mismo: en el campo hay pobreza, pero dignidad; en la ciudad hay miseria.
 
Otro dato muy llamativo de Angola –y de otros muchos países de Africa- la presencia abrumadora de chinos. Hay “colonias” de chinos por todas partes; todo lo están construyendo o reparando (edificios, carreteras, puentes...) los chinos. Llegan en cantidades muy elevadas, con todo el material, con todos los equipos, trabajan horas y horas, sin descanso, terminan algo de bastante baja calidad, y se van. Si la más mínima integración en el país.
 
En la convocatoria de 2009 el Gobierno Vasco aprobó un Proyecto presentado por la ONG en la que colaboro para Angola, concretamente para Mulemvos Baixo, cerca de Luanda. Se trata de un centro para el empoderamiento y promoción integral de la mujer. La entidad local es la Congregación de Hermanas Josefinas, con quienes hemos ejecutado muchos proyectos en Centroamérica. Este es el primero que haremos con ellas en África.
 
Se pretende contribuir al empoderamiento de la mujer en una zona que ha sufrido especialmente el conflicto bélico y las consecuentes tensiones sociales. Esta situación ha dejado a la mujer en un estado de extrema pobreza y sin recursos. Dos sectores aparecen como determinantes para que el empoderamiento sea eficaz y al menor plazo posible: Capacitación y sensibilización (enfoque estratégico) y Salud (necesidades prácticas). Se implementarán: Talleres de capacitación y sensibilización, Gabinete de apoyo jurídico y psicológico, asistencia sanitaria, se propiciará la creación de una Asociación de Mujeres, etc.
 
El motivo de mi viaje era la puesta en marcha del Proyecto: reuniones con las personas responsables, con al empresa de ingeniería, con la Asociación de mujeres, etc.
 
Tras diversas vicisitudes, por fin conseguí el billete de avión y el visado y salí para allí el miércoles santo, 31 de marzo. Desde Bilbao vía Paris, con la noche en vuelo y un avión a medio llenar que permitía acostarse un poco para tratar de dormitar. El perfil de los viajeros era “hombre blanco”, es decir, apenas si había mujeres y muy pocos angolanos.
 
Luanda. Jueves Santo, 1.04.10
 
Llego a Luanda a las 5,30 de la mañana aproximadamente. Y como suele suceder en África, lo primero que te asalta es el calor, la humedad, y el olor especial que eso conlleva. Tras recoger las maletas –llevaba algunos paquetes que me habían encargado en Misiones Diocesanas para los sacerdotes vascos de Angola- me encuentro con las tres hermanas josefinas que habían ido a recibirme: Sor Mirian, salvadoreña, que actualmente vive en México y se ocupa –de ahí presencia en Angola- de los Proyectos; y sor Margarita y sor Conchita, ambas mexicanas y con muchos años, muchos sufrimientos y mucha experiencia en Angola.
 
Ya de entrada lo primero que llama la atención es la locura del tráfico, la agresividad de la conducción, los embotellamientos (“engarrafamentos”). Y esa será una constante a lo largo de estos días. Todo se ve bastante destartalado: carreteras, coches, edificios... Y calor, mucho calor húmedo.
 
Al llegar al que será mi alojamiento, me reciben –siempre y en todas partes son así de detallistas- sor Adelina, una joven josefina angolana, con tres formandas, y con la guitarra. Desayuno y a deshacer la maleta.
 
Estoy en un barrio de Luanda: Precol. La casa no tiene electricidad, así que a lo largo de estos días tendré que “racionar” el móvil y la cámara de fotos, y cargarlos cuando tenga oportunidad: sobre todo cuando se ponga en marcha el grupo electrógeno, cuyo uso es caro –por el consumo- e irregular, pues tiene ya varios años. Tampoco hay agua corriente, por lo que tengo que aprender a “ducharme” con un cubo y una palangana: para el final de mi estancia ya había adquirido bastante habilidad. La cama con mosquitera, por aquello de los mosquitos y, sobre todo, la malaria.
 
Debemos de estar cerca del aeropuerto, pues los aviones pasan rugiendo sobre nuestras cabezas muy cerca, con el tren de aterrizaje ya desplegado.
 
Una “ducha” y primera reunión de trabajo.
 
Por la tarde –es jueves santo- voy con las hermanas josefinas a los oficios, a la Iglesia Nuestra Señora de las Gracias, hasta hace pocos años gestionada por los misioneros vascos y ahora ya en manos de clero autóctono. La iglesia es grande, pero como hace calor y hay mucha gente, los oficios tienen lugar en el explanada exterior, mucha, mucha gente. Unos oficios a los no estoy acostumbrado: con unos 15 acólitos, cortes de luz y megafonía, scouts que organizan, coros con coloridas capas, cantos, alguna danza... Estar allí en los oficios, cuatro blancos perdidos en una inmensidad de angolanos y angolanas, rezando las mismas oraciones y viviendo los mismos ritos que en Vitoria, te hace sentirte parte de algo grande, de una gran familia.
 
Al finalizar se reserva el Santísimo, y se organizan los turnos de adoración para la noche. Durante toda la noche el Señor estará acompañado por miles de personas: la iglesia repleta, y la explanada también por aquellos que esperan su turno. Mucha gente joven.
 
A mi algo me ha pasado –quizás los contrastes de temperatura, o algo frío que he bebido, que por momentos me va dejando afónico.
 
Cenamos con los sacerdotes de la parroquia: hoy se celebra la institución del sacerdocio, y han tenido el detalle de invitarnos para celebrarlo. Además de al párroco, ahí conozco a sus dos jóvenes vicarios, ordenados hace un par de años. Me cuentan que en estos momentos en el seminario de Luanda hay 180 seminaristas.
 
La noche –como las demás- “interesante”: ruidos por la calle; aviones que sobrevuelan la casa; la mosquitera; el repelente; el ruido de los grupos electrógenos de las casa vecinas; la gente que madruga... y el calor húmedo.
 
Luanda. Viernes Santo, 2.04.10
 
Hoy es Viernes Santo, ayuno y abstinencia, y amanezco totalmente afónico. Mala cosa, pues esta mañana tengo que reunirme con el ingeniero que llevará las obras de construcción del centro. Nos reunimos por la mañana y, con un hilo de voz, trato de transmitirle las ideas para la ejecución del proyecto, los informes, etc.
 
Por la tarde tenemos que llevar al lugar donde se ejecutará el Proyecto diversos materiales. El calor sigue siendo muy alto, y en el coche más todavía.
 
Regresando del terreno, pasamos por la 5ª Avenida (así se llama, curiosamente) donde está la Parroquia que gestionan dos sacerdotes vascos: Fernando Corcuera –de Vitoria- y Andoni –de Mutriku-. Está en pleno barrio de Cazenga, casi un basurero espontáneo, lleno de charcos sucios donde se bañan los niños, con unos baches que impiden la conducción y que obligan a dar muchas vueltas para llegar a un sitio que en línea recta estaría muy cerca.
 
Nos enseña Fernando una casa de la que, hace unos meses, tuvieron que sacar a una chica acusada de brujería, para evitar que fuese atacada. Ahora está refugiada en otra familia.
 
A los oficios –presididos por Fernando- asistimos en el Centro de Formación Santa Marta, que fue también realizado hace unos años con una ayuda del Gobierno Vasco. Regresamos a la parroquia de la 5ª avenida y de ahí a casa. 

Luanda. Sábado Santo, 3.04.10

Hoy he amanecido bastante mejor de la afonía. Gracias a Dios, porque hoy será el acto de la primera piedra del Centro. Temprano –aquí el día empieza hacia las 5 o 6 de la mañana- salimos para Mulenvos, tras recoger al abogado que ayudará en el Gabinete Jurídico del Centro, y a las responsables de Promaica, entidad dependiente de los obispos para el apoyo a la mujer.
 
En Mulenvos nos encontramos también con el párroco de Precol, con Fernando, con un sacerdote Josefino, con el Ingeniero, una veintena de mujeres de Promaica, el administrador de la zona, etc.
 
Entre cantos, bendiciones y discursos se desarrolla en acto, en el que se pone la primera piedra y se entierra un acta en una botella. El calos el elevado y vienen bien algunos paraguas a modo de sombrilla. Terminamos con un sencillo refrigerio, donde la cerveza fresca entra muy bien. Fotos y, al despedirnos, a empujar el coche de Fernando que tiene problemas con la batería.
 
En el regreso nos pilla uno de los famosos “engarrafamentos”, y tardamos una hora y media en recorrer un trayecto que en condiciones normales no debería durar más de diez minutos. Pasamos por un lugar en el que al parecer acaba de suceder un accidente, pues se ve un coche con el parabrisas destrozado y un chico joven, con toda la cara ensangrentada, gesticulando.
 
Por la tarde –a las 6,30- vamos a los oficios –la Vigilia Pascual- a la parroquia del Precol. Duran mucho –casi 4 horas- pero viendo como los vive la gente no se hacen largos. Por vez primera me toca asistir a unos bautismos de adultos, que tienen lugar dentro de la ceremonia. Son una cuarentena de chicos y chicas jóvenes, de unos 20 años de media, que –con gran piedad- reciben el bautismos. Ellos de chaqueta y corbata, ellas vestidas de novias. Cantos, aplausos, danzas... Como en ocasiones anteriores, creo que estamos 4 blancos en medio de cientos y cientos de angolanos.
 
Tras los oficios, las felicitaciones de la Pascua, los abrazos, nosotros vamos a celebrarlo a la casa de las formadas. Allí sor Adelina, con las formandas –Rita, Elena y María Luisa- nos han preparado una deliciosa cena e incluso hacemos los honores a un vino espumoso: es la Pascua de Resurrección. 

Luanda-Muxima-Luanda. Domingo de Resurrección 4.04.10

Hoy es Domingo de Resurrección y madrugamos para intentar ir a Misa y rezar en el Santuario de Mamá Muxima, el principal Santuario dedicado a la Virgen en Angola, y que es atendido por josefinas. Desayunamos por el camino y surge un pequeño contratiempo: pinchamos. Así es que nos ponemos manos a la obra y cambiamos la rueda. A este paso me voy a convertir en un profesional: tres veces he cambiado de rueda en mi vida: la primera en Venezuela, la segunda en El Salvador y la tercera en Angola.
 
Pronto nos desvían de la carretera a una pista, pero ha llovido, y aquello es un barrizal por donde el vehículo de un lado a otro. Pronto encontramos coches que se han quedado atrapados y decidimos dar la vuelta. Nos encontramos así una docena de vehículos, que no se resignan a dar la vuelta, y entre todos –palas, machetes, etc.- se hace un camino para acceder de la pista a la carretera en construcción. Ayudándonos unos a otros, todos conseguimos subir a la carretera, entre aplausos, vítores, fotografías, etc. y felices proseguimos el camino hacia Muxima.
 
Poco nos dura la alegría: unos pocos kilómetros más adelante nos confirman que no hay paso... y ahora sí, de regreso a Luanda. Como el vehículo está totalmente embarrado, al llegar al río Kwanza, nos hacemos una fotos y pagamos a unos muchachos para que de den una lavada.
 
Como nos da tiempo a cocinar, al regresas vamos a un self-service a almorzar. Lo mejor: que tiene aire acondicionado.
 
Como mañana salimos para Malange, conviene reparare el neumático estropeado y salimos a la busca de un taller. La verdad es que, lo que se dice un taller, no encontramos, pero sí nos informan de unos chicos que en la calle y con unas herramientas de lo más rudimentarias reparan neumáticos, los recauchutan, etc. Y allí vamos; tras una hora de espera, regresamos con la rueda arreglada y unas fotos con los “mecánicos”.
 
A llegar una “ducha” con la palangana, mientras me peleo con una descomunal cucaracha que pretende subir por mi pierna.
 
Esa tarde sor Margarita nos cuenta terribles experiencias vividas por ella y sor Celia en Huambo en tiempos de la guerra. Quedaron en tierra de nadie, que en unas ocasiones caía en poder del MPLA y otras en poder de Unita, según avanzaban los frentes. Y ellas en el medio, intentando ayudar, y salvarse. Bombas, minas, heridos... ¡solo el amor a Dios puede dar la fuerza para continuar adelante a pesar de todas esas penalidades. 

Luanda-Malange. Lunes 5.04.10

Hoy también madrugamos un poco pues nos espera un largo día de viaje: vamos hacia Malange, situado a unos 400 kilómetros de Luanda. Salimos hacia las 7 de la mañana y llegamos a las 4 y media de la tarde.
 
En Malage vive D. Luis María Pérez de Onraita, vitoriano y que desde 1995 aproximadamente es Obispo de esa diócesis. D. Luis María lleva en Angola más de 50 años, llegó en 1959 y ha vivido todas los acontecimientos de este sufrido país: la época de la colonia; la independencia; los casi 30 años de guerra y los 8 que llevan de paz. Allí está también su hermano Carlos, sacerdote como él, que “solo” lleva 48 años en Angola. Cuando yo llego, D. Luis María está a punto de cumplir los 77 años. Antes, durante muchos años, estuvo en Luanda, precisamente en la Parroquia del barrio en el que me alojo: el Precol.
 
No terminaría nunca de narrar tantas obras de carácter pastoral y de carácter social que D. Luis María y Carlos, junto con otras muchas personas, han puesto en marcha. Hace unos años, el Gobierno Vasco le otorgó el Premio al Cooperante Vasco. Con él desde la ONG hemos hecho algunos proyectos en años precedentes.
 
Hace unos años, recibió también una ayuda de la Fundación la Caixa, y fue a visitarle la Infanta Cristina, que trabaja en esa Fundación. Excepcionalmente se alojó en el propio obispado, y es esa la habitación que me asignan: la de la Infanta.  

Malange. Martes 6.04.10

Ayer visitamos algunas de la escuelas y centros que ha puesto en marcha el obispado, y hoy seguimos las visitas. Tras la misa en la capilla del obispado, celebrada por el padre Carlos, y el desayuno, lo primero que visitamos es una laboratorio de análisis médicos que han puesto en marcha con unas religiosas mexicanas y con ayuda de Castilla la Mancha.
 
A continuación nos desplazamos a Quela, donde hay una escuela, un orfanato de niñas y un dispensario. Lo gestionan unas jóvenes religiosas centroamericanas. Como consecuencia del conflicto bélico, el abandono, los saqueos, quedó casi destruido y hace unos años, a través de nuestra ONGD y con subvención del Gobierno Vasco, se reconstruyó, al igual que otras dos misiones: Kakulama y Lombe.
 
En el dispensario me presentan a un muchacho de unos 15 años. Tiene en la frente una fila de unas veinte incisiones realizadas con algún objeto cortante. Me explican que el chico tenía dolor de cabeza, el brujo del poblado le practicó esas aberturas... para que por ahí saliese el dolor. Como no tuvo éxito, ahora lo traen la dispensario.
 
La hospitalidad es una característica de África, y es también un signo distintivo de las monjas. Así que si vas a un sitio de África y visitas unas monjas, la hospitalidad es al cuadrado: nos invitan a un estupendo refrigerio.
 
Lógicamente el obispo tiene cosas que hacer, así es que regresa a Malange mientras su hermano Carlos nos lleva a visitar otros misiones. La primera la de Kalandula, donde según nos ha dicho el obispo hay tres monumentos a visitar: las cataratas, la iglesia y la Joaquina.
 
Las “quedas” (cataratas) de Kalandula son espectaculares, como se puede constatar en las fotos, que no son más que un pálido reflejo de la realidad. Es día es precioso, luce el sol, y pasamos un buen rato contemplando la caída del agua, el arco iris que se forma, escuchando el relajante ruido del agua al caer. Podríamos estar más, pero nos esperan los otros monumentos.
 
Vamos a visitar a “la Joaquina”, como nos aconsejó D. Luis María. Se trata de una religiosa vallisoletana, de 88 años, que lleva allí toda la vida. Con una lucidez mental y una memoria asombrosas. Nos narra muchos recuerdos de la guerra, y de tantos años vividos allí. Dice que no quiere regresar a España ni de visita, porque posiblemente le llevarían a un hospital a hacerse un chequeo y probablemente no le dejarían regresar a Angola. Resulta emocionante oírle decir –tras contarte con una sonrisa tantos sufrimientos vividos- “Yo he sido muy, muy feliz en mi vida. No me cambio por nadie. Si volviese a nacer, volvería a ingresar en mi Congregación, y volvería a venir a Angola.” Hace tres años le hicieron una entrevista para Mundo Negro. Recojo a continuación algunos párrafos de aquel artículo:
 
Allí está también la Hermana Joaquina Gutiérrez, toda una institución entre las Misioneras Dominicas del Rosario. Con sus 85 años a la espalda –más de la mitad vividos en Angola–, esta misionera vallisoletana es presencia viva de la historia de las Dominicas en Angola y testigo privilegiado de los últimos 40 años de la historia del país. Al verla tan jovial y sonriente, le preguntamos si en su larga y dilatada vida misionera en un país que ha vivido la guerra ha tenido alguna alegría. “Pues la de quedarnos –afirma como si fuera lo más normal del mundo–. Porque si nos íbamos todas esta personas se morían, y son gente, personas como nosotros. Aquí tenemos un cuadro que dice ‘Kalandula, ciudad de la fortaleza y de la resistencia’; y en aquel entonces era verdad. Todas las misiones fueron evacuadas, salvo la nuestra. Esa era nuestra satisfacción, éramos el único lugar en el que se podía hacer algo por esta gente. Les dábamos refugio y comida; si nosotras nos íbamos, a esta gente sólo les quedaba morirse y nada más. Una vez vino a buscarnos una consejera de parte de la Superiora General para sacarnos de aquí, yo le dije entonces: ‘Y lo que está escrito en nuestras Constituciones ¿para qué está escrito?’. Entonces nos pidió a todas que escribiéramos los nombres de las que se querían ir y las que se querían quedar. Todas firmamos que nos quedábamos. Éramos tres. Somos historia viva porque lo hemos vivido”.
 
Cuando mataron a gente de la misión, la Hna. Joaquina se dio cuenta de que la cosa no era tan fácil. “Yo no sé por qué me quedé, si es porque soy más tonta o más ignorante; no lo sé, pero me quedé. Mis superioras me decían que hay pocas como yo, que no se entiende cómo podía quedarme aquí en una situación semejante. Yo les decía que sólo Dios sabe. El Señor lo comprende y a mi eso me llega”.
 
Dentro de la Hna. Joaquina hay algo que la lleva impulsando y animando desde que llegó a Angola. Se la ve feliz y realizada. No podemos evitar hacerle la pregunta:
 
“¡Huy, qué pregunta! También me la hizo mi sobrina una vez. ¡Pues claro que soy feliz! Si mañana volviese a nacer, volvería otra vez aquí, y volvería a entrar en la congregación de las Misioneras Dominicas. Yo siempre he sido feliz. Cuando entré, mis padres no querían; pero después mi madre me decía: ‘Qué pena que ninguna de tus hermanas haya querido ser monja’. Yo le respondí: ¿Ahora me sales con esas? ¿Ellas no son felices? Y mi madre me respondió: ‘Sí, lo son, pero como tú ninguna’. El Señor me ha dado más de lo que merezco, a mi edad ya tendría que estar con los angelitos. Pero aquí sigo, y hago lo que puedo. Con lo gastada que estoy ya, poder seguir haciendo bien a esta gente, a los huérfanos, a mis meninos.... ya es mucho
 
La iglesia colonial, recién construida es muy bonita, pero la vemos rápido, pues ha ido cambiando el día y ah empezado a llover, y es mejor regresar lo antes posible, pues no se sabe que puede pasar con los caminos. En cualquier caso, ya hemos conocido el monumento más importante de Kalandula: sor Joaquina.
 
De regreso visitamos otra misión, regida por unas religiosas mexicanas, que también nos agasajan con un bizcocho recién hecho.
 
Por la noche, cenamos con el Sr. Obispo.... y nos vamos a ver el partido Barcelona-Arsenal con un recital –4 goles- de Messi. 

Malange-Luanda. Miércoles 7.04.10

Hoy toca regresar a Luanda, pues mi estancia se está terminando. Celebra la misa D. Luis María, que hace que me sonroje en la homilía. Desayuno, despedidas y... carretera.
 
Antes de salir me enseñan dos bombas que están en una vitrina en el Obispado. Se trata de bombas que en diferentes momentos cayeron sobre el edificio destrozándolo. Gracias a Dios en ninguna de las dos ocasiones produjeron daños personales.
 
Llegamos a Luanda hacia las 5 de la tarde pues afortunadamente el “engarrafamento” de hoy es liviano.
 
Al llegar últimos repasos al Proyecto... revisión y respuesta a los correos (hoy sí ponemos el generador) y la cama. Sor Margarita me da unos documentos que escribió tras sus experiencias de la guerra, me los levo a Vitoria con mucha ilusión, pues de seguro que son impresionantes. 

Luanda. Jueves 8.04.10

Y ya llegó el final. Esta noche sale mi vuelo Luanda-Paris-Bilbao. Por la mañana vamos a la capilla de la casa de las formandas, y Fernando nos celebra la Misa. Después, empiezan las despedidas. Vamos a hacer un pequeño recorrido turístico por la Luanda que no he visto: la del Palacio Presidencial, la Catedral, el Obispado, los bancos y los edificios gubernamentales... y finalizamos en la Isla (que ya no es isla, pues se ha ganado terreno al mar y es una península), donde vamos a un restaurante: quiero tener un pequeño detalle con las josefinas y la formandas, que se han volcado conmigo, a las que he incordiado a lo largo de esta semana, y que me han tratado con tanto cariño y delicadeza.
 
Al aeropuerto... y ¡hasta pronto, Angola! 
 
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